Pensábamos que los pequeños detalles no nos faltarían nunca

Autor: Isabel Aznar - 23/03/2020

Hay cosas que por mucho que desees para ti, no se pueden comprar con dinero. 

El dinero, tiene que ver con la parte material de todo, lo que podemos disfrutar cada día. Pero la parte esencial, no se compra con dinero y responde a la pregunta que siempre evitamos hacer: 

 

- ¿Realmente el valor es este precio? 

 

La mayoria de las veces nos centramos en que no nos falte de nada. Pensamos que tenemos absoutamente todo al alcance de nuestras manos. Incluso teniendolo, nos sentimos frustrados y descontentos. No lo valoramos siempre queremos más.

La exigencia que remitimos hacia el resto de las personas de nuestro entorno. Damos por sentado, que aguantarán toda la vida y creemos tanto en esta última frase, que no somos capaces de guardarles respeto cuando aún es el momento presente. 

 

Creemos que podemos hacer lo que queremos y que nosotros mismos damos la parte más esencial y más beneficiosa... Hasta que de repente, algo sucede y nos enseña, que muchas veces dimos por sentado las pequeñas cosas que hoy nos faltan. 

 

Las personas emplean su tiempo para trabajar, viajar, reunirse, estudiar, divertirse... Buscan mil cosas qué hacer para pasar el tiempo. Cuando estamos en el proceso de búsqueda de argumentos, que, uno mismo no entiende. 

 

Empleamos el tiempo en desarrollar millones de capacidades, inhumanas incluso, que nos obligan a ocupar nuestro tiempo libre y a mantenernos en movimiento... ¿para qué?... Simplemente para seguir corriendo en el tiempo como marcan las agujas de un reloj. Sincronicarnos para tenerlo todo controlado. Aunque muchas veces no sepamos hacía donde nos dirigimos, solo mantenemos el movimiento. 

 

Al igual que dimos por sentado que los pequeños detalles no nos faltarían nunca. Sin saber exactamente cómo está sucediendo, en cuestión de horas el suceso se multiplica. Y en tan solo un abrir y cerrar de ojos. Es cuando te das cuenta, que has estado tan ocupada que no sabes cuando te perdiste y te ves a deriva. 

De repente aparece un estancamiento. Apareció silencioso, por la parte más imprevista de nuestra existencia. Sin darlo mucha importancia al principio, hoy nos enseña que todos somos iguales y resulta que el pequeño detalle que ignoramos al principio, se ha convertido en el momento que ha llegado a llegado a tu vida. Es cuando te das cuenta de lo que significa el tiempo y en qué lo has aprovechado. 

El estancamiento puede aparecer de muchas maneras, una enfermedad, un proceso de cambio, una despedida de trabajo, un proceso de duelo por un familiar... Pero todo surge por una verdadera tansformación, es la que te enseña a ponerte en tu sitio. Es el significado para darte cuenta de cuánto vales y cuánto vale tu tiempo. 

 

En ese momento, eres consciente de cómo piensas y cómo sientes. Parece que te han arrebatado todo lo que tenías aunque, como hablamos anteriormente, a simple vista tienes el acceso a todo. 

 

El silencio aparece todo el tiempo y tu voz interior, la más profunda te recuerda quién eres. Todo lo que has hecho, todo lo que te dejaste por hacer y todo lo que te reprochas, también. De repente, te das cuenta que todo lo que ignoraste, es mucho más importante de lo que pensabas y aceptas que lo que realmente te asusta es eschucarte a ti misma. 

Conocerte y darte cuenta de cuáles son tus pensamientos, tus principios y valores, tu actitud, tus miedos, tus dudas, tus alegrías, tus éxitos, tus satisfacciones, tus llantos. Te planteas si realmente estás aprovechando tu tiempo en algo beneficioso y si te compensa pasar el tiempo con las personas que tienes a tu alrededor. 

 

Te das cuenta, que eres una más entre tantas personas. Pasas desapercibida cuando hace tan solo unos días, estabas totalmente segura de todo lo que hacías, o hasta este momento eso creías... Y al escucharte, resulta que esas palabras que te dices resuenan más de lo que nunca pensaste. 

Te das cuenta de la conexión entre las pesonas, del contacto físico que hubo, de los paseos a la luz del sol, de los atardeceres, brindar con tus familiares, reírte con tus amigas, recuerdas tu relación tan especial, amar en silencio o, disfrutar del momento, juntarnos con las personas que amamos o, simplemente unirnos por la humanidad. 

 

Dicen que puedes estar en una habitación llena de personas como pensaste que sería o, que esa habitación puede estar llena de personas y sentirte completamente sola.

 

Todos los pequeños detalles, que diste por hecho que te acompañarían cada día, hoy te das cuenta que estás tú sola. Escuchandote a ti misma y valorardo si todo lo que has hecho hasta ahora, ha sido beneficioso para tú vida. 

 

A lo que realmente tiene miedo el ser humano, es pensar y reconcerse. 

Ahora tienes tiempo de empezar tu transformación.

Aceptate tal y como eres. Cambia lo que no te gusta.

Tienes tiempo. 

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